Home » Blog » Debemos adaptar los servicios y las políticas de adicción a las necesidades de las mujeres

Debemos adaptar los servicios y las políticas de adicción a las necesidades de las mujeres

Las mujeres y las niñas constituyen un porcentaje creciente de las personas que sufren adicciones, y sus problemas singulares deben abordarse en los estudios, las políticas y las prácticas clínicas

Por Lisa Koppl – Los estudios realizados a lo largo de las últimas décadas han revelado que la drogodependencia es más común en hombres que en mujeres. Sin embargo, la tasa de acceso a los tratamientos para el consumo de sustancias y la adherencia a los mismos de las mujeres es más baja. Las mujeres con consumos problemáticos de drogas se encuentran con obstáculos distintos a los que se enfrentan los hombres. Ello podría dificultar a algunas mujeres a la hora de buscar, acceder, participar y permanecer en los tratamientos existentes para los consumos problemáticos de sustancias.

Barreras para las mujeres a la hora de acceder y adherirse a los tratamientos

Las mujeres y los hombres que consumen drogas difieren en muchos aspectos, incluyendo las características sociales, los efectos del consumo de sustancias y el desarrollo y la progresión de la dependencia. Las mujeres experimentan dificultades específicas basadas en el sexo y el género. Se han descubierto diferencias de género significativas en el desarrollo de la drogodependencia gracias a los importantes estudios llevados a cabo en los últimos años. A pesar de estas diferencias, muchos de los tratamientos existentes contra la adicción a las drogas se ajustan a las características propias del sexo masculino y presentan dificultades para las mujeres a la hora de acceder a estos programas y participar en ellos.

Las mujeres con consumos problemáticos de drogas a menudo se enfrentan a un estigma que opera en múltiples niveles. Debido a los prejuicios de la sociedad acerca de las personas consumidoras de drogas, las mujeres sufren más estigmatización y discriminación debido a su sexo, pues generalmente se tiene la percepción de que ellas están violando las normas sociales, en particular aquellas relacionadas con la maternidad y los cuidados.

Cuando las mujeres embarazadas o las mujeres con hijos/as presentan consumos problemáticos de drogas o alcohol, se enfrentan a una estigmatización que los hombres no experimentan y, a menudo, se las estigmatiza en lugar de aconsejarles que busquen ayuda.

Las mujeres que consumen no se enfrentan únicamente a una estigmatización por parte de la sociedad, sino que también experimentan una auto estigmatización que se manifiesta, por ejemplo, en el hecho de avergonzarse de sí mismas o sentirse culpables por su adicción u otros trastornos relacionados con la salud mental. Esto viene, a menudo, acompañado del menoscabo personal y la autonegación, lo cual dificulta el acceso de las mujeres a los tratamientos.

La así denominada barrera biológica ha experimentado un aumento del interés a lo largo de las últimas décadas, durante las cuales varios estudios han destacado que las diferencias de sexo biológico son complejas y multisistémicas, y dichas diferencias parecen jugar un papel significativo en el consumo de sustancias y, posiblemente, también influyan en la respuesta al tratamiento. La tasa femenina de trastornos asociados al consumo de sustancias aumenta con mayor rapidez que la masculina, y las mujeres con drogodependencias tienden a experimentar más recaídas.

Muchos investigadores que estudian el consumo de sustancias por parte de mujeres han reconocido el importante papel que juegan las relaciones de las mujeres en las fases iniciales del consumo de sustancias, así como su mantenimiento, el acceso a los tratamientos, la recuperación y la recaída después de finalizar los tratamientos.

Asimismo, las relaciones juegan un papel central a la hora de buscar tratamiento y lograr la recuperación. A diferencia de los hombres, se considera que las mujeres están más centradas en la familia y adoptan el papel de cuidadoras y educadoras de los hijos e hijas. Las mujeres no se enfrentan únicamente a una falta de apoyo social y en cuidados infantiles, sino que también experimentan obstáculos económicos en el acceso a los tratamientos. Las diferencias en los salarios, los sueldos más bajos, un menor nivel de ingresos, o bien el riesgo mayor de vivir en situación de pobreza, pueden limitar los recursos disponibles para las mujeres a la hora de buscar apoyo y tratamiento.

En comparación con los hombres, las mujeres tienden a experimentar un mayor nivel de violencia doméstica y sexual, o malos tratos físicos y/o verbales. Un trauma físico y sexual, seguido de un trastorno de estrés postraumático, tiene más probabilidades de producirse en mujeres con consumos problemáticos de drogas en busca de tratamiento que en los hombres, según los estudios.

Por lo tanto, a menudo es menos probable que las mujeres busquen y reciban tratamiento para su problema asociado a la drogodependencia si su pareja no la apoya o si se avergüenzan y son reacias a hablar acerca de la violencia que sufre de su pareja o de sus experiencias traumáticas, lo cual es esencial para su tratamiento y recuperación.

Las implicaciones asociadas con la práctica clínica y los estudios

La mayoría de los estudios sobre el consumo de sustancias por parte de mujeres se han publicado en las tres últimas décadas. El hecho de comprender el impacto que generan los trastornos asociados con el consumo de sustancias en las mujeres es ahora más importante que nunca, pues las mujeres y las niñas constituyen un porcentaje creciente de las personas que sufren adicciones, y sus problemas singulares deben abordarse en los estudios, las políticas y las prácticas clínicas.

El hecho de comprender las diferencias entre hombres y mujeres en relación con los trastornos asociados al consumo de sustancias es vital para mejorar la prevención y los tratamientos, así como para asegurar que dichos tratamientos se desarrollen de forma igualmente efectiva y segura tanto para hombres como para mujeres.

Los estudios recientes comienzan a revelar diferencias en las respuestas a los tratamientos que podrían ser cruciales para adaptar las intervenciones a cada sexo concreto.

El tratamiento contra el consumo de drogas asociado al género no debería tener en cuenta únicamente las diferencias biológicas, sino también los factores sociales y ambientales, los cuales podrían influir en las motivaciones para el consumo de drogas, los motivos para la búsqueda de tratamiento, las clases de entornos donde se obtiene el tratamiento, los tratamientos más efectivos y las consecuencias de no buscar tratamiento alguno. Las mujeres, como grupo, presentan toda una variedad de condiciones de vida que podrían hacer que necesitaran una estrategia terapéutica más personalizada.

Teniendo en cuenta todas las dificultades que las mujeres con consumos problemáticos de drogas experimentan a la hora de buscar tratamiento, es especialmente importante evaluar los cambios en las políticas y programas específicos de género, ya que podrían tener un impacto significativo en la salud de las mujeres y en la salud de sus familias. Además, los estudios que se realicen en el futuro deberían de centrarse en las opiniones y experiencias propias de las mujeres para que, de esta manera, puedan tratarse sus problemas singulares a través de la práctica clínica y las normativas sobre género.